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sábado, 27 de marzo de 2010

El Coliseo de Roma rescata a los gladiadores

Una exposición en el mismo anfiteatro recuerda a estos guerreros de la arena a través de reproducciones de armas y prendas y piezas originales procedentes de las excavaciones de Pompeya

Roma. (EFE).- El Coliseo romano, uno de los monumentos más visitados del mundo, rescata el mito de los gladiadores de la Antigua Roma con una exposición en la que se combinan reproducciones de armas y prendas utilizadas por los luchadores con piezas originales procedentes de las excavaciones de Pompeya.

Reconstrucción del casco que utilizaban los gladiadores "Murmillo", durante el Imperio Romano, en el siglo I d.C., realizada por el arquitecto Silvano Mattesini

Reconstrucción del casco que utilizaban los gladiadores "Murmillo", durante el Imperio Romano, en el siglo I d.C., realizada por el arquitecto Silvano Mattesini / Efe / Carmen Pliego

Bajo el título de Gladiatores, la muestra presenta numerosas reproducciones de cascos, armaduras, espadas, dagas y escudos, realizados por el arquitecto e historiador del ejército romano Silvano Mattesini. Para llevar a cabo las copias se hizo un estudio detallado de varias piezas encontradas en el siglo XVIII en las excavaciones del Teatro Grande de Pompeya, cercano a Nápoles (sur de Italia), algunas de las cuales también forman parte de la muestra.

Mostrar las reproducciones junto con objetos antiguos permite "dar una idea del patrimonio pasado", explicó Rossella Rea, comisaria de una exposición, que pretende también ser un recorrido didáctico por uno de los períodos más fascinantes de la historia.

Desde que tuviera lugar el primer espectáculo de gladiadores en Roma en el año 264 a.C., varios espacios de la ciudad acogieron las celebraciones sobre la arena, desde el Foro Romano y el Circo Máximo hasta el Coliseo, inaugurado en el año 80 d.C. y donde puede verse la exposición hasta el próximo 3 de octubre. "La construcción del Coliseo supuso el punto culminante en la reordenación de los espectáculos de gladiadores", un proceso que hasta entonces tuvo su principal valedor en la figura del primer emperador romano César Augusto, dijo Rea.

En los últimos años de la República romana la importancia de los espectáculos de gladiadores aumentó notablemente, siendo utilizados en muchas ocasiones como elemento de propaganda política, aunque entonces la celebración tenía tan sólo carácter privado.

"Con Augusto se inició la codificación de las categorías de gladiadores y también se empezó a ordenar el aparato administrativo", una máquina que necesitaba "miles de personas, meses de preparación y ríos de dinero" y que alcanzó definitivamente carácter oficial con Domiziano.

Bajo las gradas de la arena romana, que podía llegar a albergar a 50.000 personas, cobran vida estos días las categorías de gladiadores que hicieron de esta manifestación parte de la historia. Desde el "Samnes", el gladiador más antiguo del que se tienen datos, hasta el "Equites", que abría a caballo el cortejo antes del espectáculo, la muestra es también un recorrido didáctico por los diferentes períodos de la Antigua Roma.

Entre las copias seleccionadas, Gladiatores muestra por primera vez una reproducción de las pesadas armaduras que portaban los Cruppellarius, una de las categorías de gladiadores de las que existe menos documentación. Protagonista en la gran pantalla y en la literatura popular, sobre la verdadera imagen física del gladiador romano no se tienen, sin embargo, demasiados datos.

La altura de los luchadores que combatían en la arena romana estaba en torno al metro setenta y, a pesar de ser musculosos, su imagen no corresponde con la de hombres grandes que se ha transmitido tradicionalmente, dijo la comisaria. "La cabeza del gladiador era la parte más protegida", explicó, y la causa de muerte más común eran los golpes en distintas partes del cuerpo y no en el cráneo, como demuestran recientes estudios realizados sobre varios restos óseos.

El fenómeno de los gladiadores tenía en la Antigua Roma carácter "transversal", ya que algunos de los combatientes que saltaban a la arena eran aristócratas y senadores. "La mayoría eran esclavos, pero también había muchos que trabajaban con contrato", añadió Rea. Junto con armaduras, empuñaduras, espinilleras, cubiertas, cascos y diversas armas, la muestra incluye también pinturas que documentan el ambiente de la época e instrumentos musicales que eran utilizados durante el cortejo previo al espectáculo.

"La música que se usaba no se conoce" pero, dado que los espectáculos de lucha entre gladiadores siempre empezaban con un cortejo al emperador, "la música tendría un ritmo muy militar". El cuerno, la tuba o el órgano hidráulico eran algunos de los instrumentos con el que se acompañaban los movimientos de los gladiadores sobre la arena y que pueden verse estos días también en el Coliseo.

Fuente: La Vanguardia

domingo, 15 de junio de 2008

La higiene en Roma


"Cuestan tan poco las simples escobas, los trapos de cocina, el serrín! Descuidarte de tenerlos te cubre de vergüenza (...). Cuanto menos cuidado y gasto exigen esos detalles es más reprochable que si faltasen los refinamientos en las casas de los ricos."

Este fragmento de las Sátiras del escritor latino Horacio señalan al afán de pulcritud en la sociedad romana. Debe señalarse que la limpieza, al igual que la mayoría de las tareas diarias, en los hogares con una cierta posición económica eran realizada por los esclavos, los cuales se convirtieron en un indicador de la posición de su dueño y garantizaban que su casa no se convirtiera en una zorrera.


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En la fotografía, acueducto de Mérida. Básicos para las ciudades del Imperio romano; en Roma aportaban más de un millón de metros cúbicos cada día.


"Nosotros lo único que necesitamos es una esclava que sepa tejer, que sepa moler, cortar la leña, barrer la casa, que se aguante con los azotes y que guise diariamente la comida de la casa" Escribía el comediógrafo latino Plauto.

La vida cotidiana:

Para la limpieza diaria del hogar romano se empleaban sistemas tradicionales como los paños, escobas y esponjas; además del agua y el serrín con los que se arrastraba o disolvía la suciedad.

Los paños más toscos se usaban en las cocinas en la limpieza y secado de las manos y la vajilla; mientras que sus hermanos de mejor calidad se reservaban para su uso en ciertas estancias, como la recepción de invitados.

Estas actividades fueron descritas en sus sátiras por el poeta latino Juvenal. (...)"Cuando va a llegar a tu casa un huésped pones en actividad a todos los tuyos [Esclavos]: "Barre el suelo, deja bien brillantes las columnas, fuera las telarañas de todos los rincones de la casa; esté abrillanta la plata, el otro friega los platos cincelados", insta la voz del amo con el vergajo en la mano".



Uno de los mayores quebraderos de cabeza de las matronas romanas y de los mayordomos de las casas fue el lavado de la ropa; se podía remojar y aclarar las prendas más ligeras, pero no se conocía en jabón, de modo que las piezas de lanas y las manchas más persistentes eran enviadas a las lavanderías. En estas se empleaban diversas sustancias minerales y vegetales, con múltiples aclarados.

Fullonica Stephani



En la fotografía, la llamada Fullonica Stephani, una lavandería y tintorería situada en Pompeya.


Las escobas, de hojas de palmera o tallos arbustivos. eran utilizadas para pulir y dejar brillantes los pavimentos de mosaico, mármol, ladrillo, arcilla apisonada; mientras que en los pavimentos no porosos, por ejemplo los suelos de comedor, se utilizaba serrín para absorber las grasas y líquidos, y si no un buen baldeo de agua. Otros utensilios frecuentes fueron las esponjas, utilizadas para limpiar las columnas y las mesas, pero también haciendo las necesidades de papel higiénico a la romana en el retrete.

Las letrinas; aguas mayores y menores:

En las casa romanas se utilizaban diversos tipos de potes y recipientes como orinales. Aunque para la gente de dineros tenían a su disposición sillas de retrete, bajo cuyo asiento había un recipiente, limpiado y vaciado con discreción por un esclavo, tras ser usado. En las domus, hogar de patricios, aristócratas locales, mercaderes o comerciantes con fortuna, existían verdaderas letrinas. Eran fosas cubiertas con una placa horadada por agujeros circulares para uso de los habitantes de la casa, además junto a ellas siempre estaban presentes varias esponjas. En ella podían los esclavos vaciar las bacinillas de los amos.

Latrina (detall), termes d'Adrià, Lepcis Magna

Letrinas romanas en las termas de Adriano
En las insulae, los edificios de varios pisos de altura en el Imperio Romano, los servicios eran comunes a todos los habitantes del inmueble; los cuales consistían por lo general en una tinaja oculta en el hueco de la escalera de la planta baja o en un fosa, en los que los habitantes más cívicos vertían el contenido de las bacinillas, aunque no faltaban los guarros y vagos que lo tiraban por la ventana. El "agua va" no es un invento del medievo.



Termas y baños; placer, ocio y lujo:
Mosaico de Piazza Armerina (Sicilia) Siglos III- IV
Una dama romana se dirige a las termas acompañada de sus sirvientes. Mosaico de Piazza Armerina (Sicilia) Siglos III- IV.
"Orandum est ut sit mens sana in corpore sana" ("hay que pedir que haya una mente sana en un cuerpo también sano"), recordamos con el celebrado aforismo del ya nombrado Juvenal.

Los baños públicos existían de forma modesta en Roma desde el siglo II a.C. Estaban regentados por los llamados "balneator", empresarios privados, a los que se podía acceder pagando una pequeña cantidad. Tenían pocas habitaciones, mal ventiladas e iluminadas y se caldeaban con braseros, utilizando bañeras con agua calentada previamente. Una situación perecida a la que se vivía en los baños europeos del medievo.
La situación cambio a partir de la invención de una cámara subterránea llamada hipocausto, donde se hacía circular el aire caliente originado en el horno ("praefurnium"); lo que permitió que las salas de baño fueran haciéndose más grandes y amplios.
Las primeras termas públicas eran edificios de considerables dimensiones dotados de todo tipo de lujos y refinamientos y de entrada gratuita. Destacan las mandadas construir por Marco Agripa en el Campo de Marte. Le siguieron las de Nerón, Tito y Trajano. Ya finales del siglo III se erigieron las mayores termas de Roma, las de Diocleciano.

Para los ciudadanos romanos, la visita a las termas servia de excusa para informarse sobre las últimas noticias de Roma y del Imperio. Los magistrados y los senadores se reunían allí para hablar de política, los empresarios ocupados en sus negocios, y el pueblo para tratar temas triviales o serios.

jueves, 27 de diciembre de 2007

Mario Plocio Sacerdote

Mario Plocio Sacerdote. Destacado gramático latino, situada su vida en el reinado del emperador Diocleciano (284-305 d.C).

Obras:

Plocio escribio una obra de gramática latina:"Artium gramaticarum libri III" ("Arte de la gramática")

Datos personales